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Criticas

Por Guillermo Zapiola

Un coro de voces sobre la cultura uruguaya.

Debate. Se editó “Diálogos sobre políticas culturales en el primer gobierno de izquierda”

Constituye una invitación a la polémica, y eso solo bastaría para convertirlo en un libro a tener en cuenta. Pero hay virtudes adicionales en “Diálogos sobre políticas culturales”, flamante edición de Estuario Editorial y Socio Espectacular. Se trata de una recopilación de entrevistas para la revista del Socio Espectacular entre el 2005 y 2008. La serie de reportajes amplia el debate, con la indicación de que no empezó ayer (es muy interesante lo que se dice, por ejemplo , acerca de la polémica sobre la escuela de Bellas Artes que enfrentó a Pedro Figari y José Batlle y Ordónez). Cada entrevistado aporta sus matices y hasta sus discrepancias, desde el gusto por la pelea de Coriún Aharonían hasta la elegancia nostálgica (levemente aristocratizante) de Abbondanza, el escepticismo de que los gobiernos hagan algo de Martínez Carril, la vocación por descabezar algunas vacas sagradas del arte por parte de Oscar Larroca o las perspectivas económica , sociológicas o más ampliamente “culturalistas” de algunos otros. El libro termina funcionando como un coro de voces, la mayoría de las cuales al menos tienen algo para decir. Cuando se acaba de leer, la reflexión empero prosigue. Y esa es la principal virtud.

Por Diego Recoba

Actualizar Estado

 

La gran mayoría de los artistas, críticos, académicos, periodistas y gestores se identifican con las ideas de izquierda, pero a partir de entonces dejaba de ser oposición o de estar excluida, para formar parte-al parecer- del gobierno del cambio añorado. Los enfrentamientos que se desataron casi inmediatamente y cierta decepción o resignación condensada tiempo después quedan en evidencia en “Diálogos sobre políticas culturales en el primer gobierno de izquierda”, esta recopilación de entrevistas que Gerardo Mantero y Luis Vidal Giorgi realizaron desde la revista de Socio Espectacular a un variado grupo de actores culturales. El tomo se abre con un breve e interesante estudio de Gerardo Caetano, quien no solo da cuenta de algunas visiones de teóricos culturales en nuestro país, sino que de alguna manera ordena el contenido de las entrevistas y plantea un posible listado de temas generales que las atraviesan. Destacable es la edición de estas entrevistas, que permiten una visión histórica que a la distancia resulta fundamental. Nos demuestran que aún falta mucho por hacer de parte de las autoridades, y como ciudadanos debemos exigirlo, pero marca la carencia que como sociedad tenemos, en la falta de aggiornamiento de conceptos fundamentales y de un debate a fondo con respuestas claras.

 

Por Rodrigo Gutiérrez Viñuales

LA PUPILA. REIVINDICANDO LA REFLEXIÓN POR ENCIMA DE LO ETÉREO

La primera vez que supe de la existencia de La Pupila fue en 2012, en la vieja librería Oriente-Occidente, donde Julio Moses me regaló el Nº 24 que traía adentro una nota sobre la vanguardia uruguaya vista a través de las cubiertas de libros, escrita por Riccardo Boglione. En ese momento estaba en pleno proceso de realización de mi Libros argentinos. Ilustración y modernidad (1910-1936), acopiando materiales de todo tipo que pudieran enriquecer el trabajo, y Julio sabía que ese artículo me iba a ser de mucha utilidad, como en realidad lo fue. Pero me llamó también poderosamente la atención el resto de la revista, y no sólo sus contenidos concretos (una nota sobre el admirado Francisco Matto, una entrevista a Luis Felipe Noé, otra a Antonio Donabella, entre otras sorpresas) sino el concepto total de la revista, el espíritu que la trascendía y el muy cuidado diseño.

Cuando dos años después fui a Montevideo a presentar Libros argentinos, compartiendo mesa en el Museo Figari con los amigos Pablo Thiago Rocca y Riccardo Boglione, tuve la ocasión de conocer a Gerardo Mantero, quien entonces me hizo un regalo que pronto descubriría fascinante: un ejemplar de La Pupila. Los primeros seis años (2007-2013), un perfecto manual de humanidades, magnífico compendio de ensayos y entrevistas que transmite a la perfección, justamente, las virtudes de la revista: la reivindicación del pensamiento crítico más allá de la mera información, la posibilidad de lectura extensa y la reflexión, la apuesta por la cultura en general y el arte en particular, tamizado todo por la voluntad de sus editores, Oscar Larroca y Gerardo Mantero, de “recobrar el sentido del arte”. Y vaya si lo logran.

El paso siguiente, como lector-disfrutante, fue el ahondar en la sustancia: poder ver los números al completo, y bucear en sus contenidos, sabedor de que nuevos tesoros aparecerían entre sus páginas. Para un amante militante del papel lo idóneo hubiera sido poder contar con la respectiva colección (la que estimamos será joya futura de bibliofilia) pero nos conformamos -y tanto- con las versiones completas on line, demostrativas del bien calculado aggiornamiento de La Pupila a nuestros tiempos: una revista como “las de antes”, pero con todas las ventajas del presente, democratizada y globalizada en su difusión, teñida de un doble compromiso, con la historia y con la actualidad.

Esa democratización no se queda en la divulgación en sí de sus números; va más allá, y es carácter que enarbola con acertado orgullo: La Pupila, a través de sus editores, tomó la muy sana andadura de no adscribirse a tendencias determinadas, sino abrirse a las más diversas posturas estéticas, a convocar a un plantel de colaboradores de los perfiles más variopintos, a cimentar un espacio de verdadera libertad. Pero a la vez brindar a la expresión textual y al análisis estético permanentes homenajes, poniendo el acento en transmitir, en prácticamente todos sus artículos, una meridiana claridad conceptual en tiempos a veces no tan gratos para estos menesteres, sumidos como estamos en una era de hermetismos dialécticos e intoxicaciones del lenguaje, y en los que -y bien lo sabemos los historiadores del arte- muchos se mueven con la máxima de que “cuando no puedas ser profundo, al menos debes ser oscuro”. La Pupila destierra de un plumazo cualquier atisbo de encriptamiento, y apunta de manera decidida a proporcionar claridad a través de sus páginas. En otras palabras, asume naturalmente la misión de instruir en la percepción, el conocimiento y el disfrute del arte.

El proceso permanente de “retorno a las esencias” se sustenta en el tesón de los editores y colaboradores, en una lúcida estructuración de contenidos, y en un constante paseo por la contemporaneidad entendida en su sentido más lato, yendo desde los inicios de la modernidad a las nuevas tecnologías, pero pasando por el taller Torres García, el Madi, la promoción del arte o la museología. Y asimismo el dibujo y el diseño gráfico, como temáticas de reflexión y como soporte de la propia revista en su aspecto físico, la fotografía, la poesía visual, el análisis de la ciudad, los vínculos del arte con la antropología y la filosofía, o la educación estética. La profundidad de campo queda registrada al advertir el amplio número de artistas rescatados del olvido, en varias ocasiones deslocalizados de su ámbito inicial, y siendo obviados de la consideración tanto en origen como en destino. Todo cabe, armónicamente, en La Pupila.

Por debilidad propia, el último párrafo de esta “breve visión” personal que Gerardo Mantero me pidió redactara, la dedicaré a uno de los apartados que me parece fundamental en La Pupila, y que reaviva un género al que, nunca entendí bien por qué, los historiadores del arte hemos dado la espalda bastante más de lo debido: la entrevista. Las de La Pupila son de las mejores que, en cuestiones de arte, se pueden leer hoy en día. Y esto, claro, tiene sus razones: entrevistados selectos, con mucho para contar de sus acciones y disciplinas, pero abordados con preguntas inteligentes, las que, en relación causa-efecto, disparan también sustanciosas respuestas. Verdaderamente, y me perdonarán lo coloquial, no tienen desperdicio, enganchan de principio a fin. En algunos de los casos, inclusive, de personajes ya entrados en el invierno de sus vidas, nos atreveríamos a decir que la primera vez que los entrevistaron (o al menos la primera en muchos años) fue en La Pupila, y esas entrevistas ya han adquirido para esos personajes el valor de un testimonio intelectual definitivo.

La Pupila, ya desde hace tiempo y por suerte proyectándose con energía al futuro, nos lleva hacia esa gozosa obligación que es la de sumergirnos en sus páginas, para sorprendernos y enseñarnos. Estas virtudes, más las señaladas en este escrito y varias más, son emblemas de una tradición propia de la cultura y el arte uruguayos, de una modernidad siempre vigente y renovada, sumadas a la capacidad de los editores para hacer bien las cosas, con profundidad.

 

Por Revista “Lento”

De Revista, Libro.

Desde la tapa la compilación desborda de optimismo y, realmente, que una publicación sobre arte local se mantenga tanto tiempo vigente es motivo para celebrar. El festejo de La Pupila, es generoso: la edición, en formato libro, de una selección de 60 textos (de un total que supera los 200), publicados a lo largo de una treintena de números. La antología corre por cuenta de los directores de la revista, Gerardo Mantero y Oscar Larroca, y también son ellos los autores de buena parte del material incluido. Periodistas/críticos/ensayistas/gestores. Mantero y Larroca provienen, como artistas, del tronco amplio del dibujo. Desde esa filiación más bien “tradicional” (en el esquema actual de las artes visuales) puede entenderse la vocación por instalar un ámbito de reflexión sostenido en el campo estético; es en ese sentido La Pupila, que nació de los coletazos del enfrentamiento por el favor oficial entre contemporáneos (o posmodernos) y “tradicionales” (o modernos), y ha cumplido con éxito su objetivo.

Por Tatiana Oroño

Ojo Beligerante.

Orientada al campo de las artes “plásticas y visuales”, la revista busca explícitamente promover el debate en torno a temas de una agenda nutrida en la cual lo local, y en este escenario las tenciones entre la las políticas del Estado y el mercado, se perfilan como firmes núcleos de asedio. No se trata de un desafió cualquiera. Y menos para sus editores que procuran abordar, cuestionándolas, relaciones de poder simbólico inevitablemente complejas, desde un discurso que por definición debe tomar distancia del pensamiento único y/o corporativo. El emprendimiento despierta justificada adhesión. No es un gesto gratuito difundir gratuitamente cultura impresa en el mundo del capitalismo tardío, proclive a acumular quiebras bursátiles, ferias de arte y legiones de pobres. La Pupila busca contribuir a satisfacer esa necesidad de confrontación pública del pensamiento producido en torno a (y desde) el campo artístico. Tanto en su realización como en los entornos que virtualiza, la propuesta sugiere actualizar aun cuando no se mencione la concepción gramciana del intelectual orgánico, aquella categoría de intelectual metido en lo suyo pero funcional, a la vez, a un proyecto político. Si como afirmara Marc Auge “las relaciones de poder deben ser, en un conjunto cultural dado, concebibles y gestionables”, al propósito de esta publicación debe ser interpretado como un aporte saludable a la cultura uruguaya.

 

Por Guillermo Zapiola

El aporte de La Pupila en libro

Es un texto que literalmente vale lo que pesa. La Fundación Itaú y la Comisión Montevideo Capital Iberoamericana de la Cultura han auspiciado: La Pupila-Los primeros seis años (2007-2013) un tomo de 415 páginas con buena ilustración que resumen seis años de actividades de una revista cultural que ya ha abierto un espacio significativo en nuestro medio. La Pupila ha asumido varios riesgos que vale la pena apreciar. Sus destinatarios no han sido los otros artistas sino la gente, y su objetivo la difusión de un espíritu a la vez periodístico y crítico que no se agota en las polémicas de cúpulas si no que invita a la reflexión al “lector común”, ese personaje tan poco común al que acaso sea el único al que vale la pena llegar. No hace falta decir que la crítica en el Uruguay ha estado durante mucho tiempo al borde del abismo, y más recientemente ha dado un paso adelante, de modo que el aporte de La Pupila ha sido más que necesario. La edición de este libro es un acontecimiento, y leerlo vale realmente la pena.

Por Pablo Dobrinin

Ojo con el arte

Con el número 27 correspondiente a junio de 2013, la revista La Pupila ingresa en su sexto año de vida. Si esto de por sí es hazañoso para cualquier revista uruguaya, imagine el lector cuánto más lo es para una revista de arte. La pupila tiene una mirada abarcadora, de lo nacional y lo universal y desde el arte “oficial” a expresiones artísticas más polémicas. Uno se encuentra entrevista, artículos bibliográficos, de opinión, información para exposiciones, museos reseñas, la publicación contempla todo el espectro del arte visual. Algo a tener en cuenta es que ninguna de las notas puede ser calificada de resumen o refrito. Ni siquiera cundo se trata de personajes emblemáticos, como, por ejemplo, Marcel Duchamp; uno advierte que el articulista tiene algo para decir. Se podrá estar de acuerdo o no con las opiniones vertidas en La Pupila, pero lo que no se puede negar es que es una revista hecha con pasión, en la que se investiga y se cuestiona, y que, por lo tanto, resulta imprescindible para saber lo que se hace y se piensa en el mundo del arte.

Por Lazlo

La Pupila. Año 1. Nº 3

Dirigida por Gerardo Mantero y Oscar Larroca, la revista de artes plásticas La Pupila dedica notas de fondo de este número a dos maestros: Guillermo Fernández (1928-2007)y Gonzalo Fonseca (1922-1997). En primer caso, Inés Moreno recoge la opinión de algunos de los discípulos de Fernández (Palo Buera, Flavia Fuentes, Fermín Hontou, Ana Tiscornia) sobre el legado del maestro. En el segundo Gerardo Mantero entrevista a Natalia Montealegre, que dirigió la muestra de Fonseca en le Museo Nacional de Artes Visuales. El número incluye una interesante nota de Mantero “Lo nuevo o la necesidad sistémica de la novedad”, otra de Mario Consens, con un enfoque antropológico de las llamadas “artes primitivas” y un texto de Luis Morales enfocando la obra de Francisco Matosas. Los artistas y el impuesto a la renta (Joaquín Aroztegui) el argentino Cucurto (Diego Recoba) y las distintas formas de fraude en el arte (Carlos Rehermann), completan, junto a breves bibliográficas esta entrega.

Por Nelson Di Maggio

Revista de arte

La reciente aparición del primer número de la revista La Pupila, emprendimiento de Oscar Larroca y Gerardo Mantero de frecuencia bimensual y distribución gratuita es auspicioso. Correcta en el aspecto gráfico, el sumario recoge un certero análisis de Gerardo Mantero sobre las políticas culturales por el gobierno progresista, aunque se puede discrepar con la utilidad o la relevancia de una polémica pesadamente académica (Flo/Peluffo), anacrónica en su formulación, un discurso ininteligible sobre arte contemporáneo entre oponentes que no suelen frecuentar bienales, documentas o ferias internacionales. La entrevista a Ernesto Vila, realizada por los directores es brillante por la claridad y profundidad de las ideas del artista en un diálogo conducido con habilidad e interés permanente.

Por Jorge Abbondanza

El arte bajo análisis.

La pupila ha sabido mantenerse durante los últimos cinco años de su aparición bimestral, para hablar de grandes plásticos nacionales, corrientes y acontecimientos del arte actual junto a las actividades locales, temas de estética en general, a los que suele añadirse algo sobre teatro y otros lenguajes visuales. El contenido manejado con permanente exigencia por los responsables Gerardo Mantero y Oscar Larroca, está ampliamente ilustrada pero tiene asimismo un apreciable promedio de interés como lectura de campo de investigación y el ojo crítico. Sin lujos, de diseño austero, la revista cumple una proeza –la de su distribución gratuita- que puede comprobarse en los puntos de entrega: museos, centros culturales, institutos, galerías, Casas de Cultura departamentales y centros del Ministerio de educación Y Cultura en todo el país. Se trata de una iniciativa de mérito fuera de serie, uno de esos ejemplos de discreto heroísmo cultural que forman parte del mejor perfil de la identidad uruguaya. Que no pierda el entusiasmo.

Por Alma Bolón

En Vigilia.

La Pupila, revista editada por Oscar Larroca y Gerardo Mantero, cumplió sus primeros seis años de existencia ininterrumpida. Sus editores celebran estos primeros 29 números publicando una selección de notas que componen un libro excepcional, por sus contenidos y por su hechura atractivísima desde la carátula, esmeradísima en su totalidad. Las notas compiladas ilustran una convicción política, consistente en atender las obras en virtud de su calidad y no del horizonte teórico del que provienen. Este criterio supera el pueril cultivo de la diversidad por la diversidad, ya que discrimina y elige, aunque sin previa descalificación por razones de escuela, movimientos o estilos. Por esto La Pupila es un espacio en el quienes hacen se miran hacer, es decir, reflexionan sobre el evasivo entramado que los fue recortando y densificando. Por esto mismo entiendo que La Pupila, cumple con una de las tareas académicas fundacionales, recordada por Clever Lara en esas páginas, a saber: la reivindicación del “papel del artista como intelectual”.

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